jueves, 3 de julio de 2014

Inteligencia de los gatos

¿Alguna vez has pensado que a tu gato solo le falta hablar, que tu gato es tan listo que se acerca solo a quien sabe que aprecia a los animales e incluso que es más inteligente que algunas personas que conoces? 

  

El gato es un animal tremendamente inteligente. El cerebro del gato recibe una inmensa cantidad de información continuamente, que asimila y utiliza para aprender. Se sabe que con los gatitos pasa algo similar a lo que ocurre con los niños, cuando crecen en un ambiente sin estímulos no se desarrollan de un modo normal y adecuado. Los gatos que han crecido relacionándose estrechamente con personas, en un entorno de juegos y estímulos diversos, son los que desarrollan más su inteligencia. 

El significado de inteligencia agrupa el hecho de pensar, reflexionar y actuar de forma conveniente ante un escenario nuevo. Cualquiera que tenga gatos conoce su curiosidad, como cualquier cosa novedosa es suficiente para que todos sus sentidos se pongan en alerta y se dedique a inspeccionar y olfatear todo aquello que considera extraño y desconocido. 



 
Los gatos aprenden por medio de la imitación y la observación, hasta el punto que un gato que observa como otro acciona una palanca para conseguir alimentos aprende con más premura que otro que no haya tenido la oportunidad de observar a sus congéneres realizar tal acto. 

Los gatos pueden adoptar una conducta instintiva, por ejemplo, sacar las uñas para defenderse, que es un comportamiento que se transmite genéticamente. Y también una conducta aprendida o adquirida por aprendizaje, imitación y experiencias. Un gato acaba uniendo en su actitud lo aprendido con lo instintivo. 

La memoria es muy importante en el aprendizaje, y los gatos la tienen convenientemente desarrollada. Pueden recordar hechos pasados, aprendiendo por ello las pautas que les señalamos ante lo que pueden y no pueden hacer. Ellos comprenden y recuerdan, actuando posteriormente en consecuencia. 


 
Si los hombres tienen más inteligencia que los animales, esto no es una razón para sostener que los animales no la tienen en absoluto; del mismo modo sería erróneo sostener que las perdices no vuelan porque los gavilanes vuelan mejor que ellas. 

El gato es un animal sociable pero, al mismo tiempo, tremendamente independiente. Defenderá su territorio y autonomía, y no consentirá que cualquier otro animal o persona acceda a su feudo sin su permiso. Del mismo modo, tampoco elegirá jamás como dueño a alguien que le maltrate. 

Estos felinos domésticos diferencian perfectamente a conocidos y extraños, reconociendo a las personas y animales con las que se relacionan frecuentemente por medio del olor, las modulaciones de la voz, el comportamiento y la apariencia. 




Es indudable que los gatos se comunican entre sí, y también lo hacen con las personas. Si a un gato se le habla desde pequeño, éste tenderá a responder, aunque hay gatos más predispuestos que otros a este comportamiento. Los maullidos de un minino tienen múltiples tonos, que utilizan dependiendo de sus deseos. Maúllan de una manera cuando quieren que les abramos una puerta o ventana, de otra cuando piden alimento, de otra cuando están enfadados o no quieren ser molestados, de distinta forma cuando juegan, etc. 

Un gato se asustará al ver correr hacia él a un perro enfurecido, pero si se percata de que éste no le puede alcanzar, ya sea porque hay una valla por medio o porque está en lo alto de una pared, se paseará provocador consciente de su invulnerabilidad momentánea, como diciendo: ladra, ladra, que no me puedes tocar. 

Algunos gatos cuando son ingresados en un hospital veterinario por un problema de salud y permanecen allí varios días, dejan de comer, incluso a veces de hacer sus necesidades de un modo normal. Lo mismo puede ocurrir si se les deja en una residencia durante unos días porque los dueños tienen que viajar, por ejemplo. Los animales no están abandonados, pero ellos lo viven de ese modo. Perciben que todo lo familiar ha desaparecido de repente y eso les puede llevar, en casos extremos, incluso a la muerte por inanición. 

 
Un gato es capaz de reconocer a las personas que detestan a los animales y que no los tratan bien. El gato percibe y recuerda, y rara vez se acercará a ese tipo de gente. 

Los mininos son animales muy cautos, tantean cuidadosamente los peligros antes de hacer cualquier cosa. Rastrean, olfatean, observan. Su curiosidad innata, mucho más acentuada cuando son cachorros, les mete a veces en líos, pero acostumbran a salir de ellos solos, salvo excepciones. A veces sorprende que un gato abandonado sobreviva, en el campo o en la ciudad, sin más ayuda que su propia inteligencia, pero lo hace, y a veces durante muchos años. 

Cada gato tiene su personalidad, no son iguales entre sí, del mismo modo que las personas tampoco lo somos. Algunos son más propensos a interaccionar con el ser humano, son más cariñosos, más sociables. Otros, sin embargo, son más independientes, más solitarios. Pero que nadie crea que un gato independiente, que no viene a hacerte mimos continuamente, es un gato que no sufriría si se le sacase de su entorno familiar. A su manera, él también ha creado sus vínculos con nosotros, quizá de manera más sutil y menos evidente, pero los vínculos son igual de fuertes. 

 No sé puede definir con exactitud que determina la inteligencia en los animales, debido a que no pueden hablar. En el caso de los gatos se hace un poco más complejo debido a su carácter rebelde y que tienen a colaborar muy poco cuando se pretende enseñarles algún truco. Pero, esta claro que inteligencia no es sinónimo de obediencia, ni mucho menos de permitir ser amaestrados. La mayoría de los gatos no nacieron para complacer al amo, sino para ser atendidos y mimados.

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